EL DÍA QUE TODO CAMBIÓ

Nuestro proyecto pretende dar visibilidad a la diabetes tipo 1 y sus necesidades. El proyecto abarca un libro de testimonios en primera persona sobre la diabetes tipo 1, (pacientes, familiares, amigos, profesionales); un foro: http://www.tuvidacondiabetes.es/ ; este blog; charlas informativas, y un documental que pronto compartiremos con todos los lectores. Gracias por estar aquí y compartir esta dulce experiencia.


sábado, 31 de diciembre de 2016

Mis primeras Navidades diabéticas

Las primeras Navidades como diabético tipo1 las pasé como diabético tipo2, con un régimen severo y con un nulo ánimo de todo. Esto último, por motivos que no tienen nada que ver con mi entonces reciente debut, pero que tampoco ayudaban lo más mínimo. Así que, como decía, me tuve que enfrentar a estas primeras Navidades con todo perdido.

En mi familia nunca hemos sido dados a comer mucho en Navidad, pero sí que había cosas que nos alegraban las fiestas, y mucho:
- La alegría de Nati, y en general de toda la familia, en las comidas y cenas de los días claves.
- Los Reyes, por los recuerdos de los viejos tiempos, y sobre todo por ver a mis padres por el salón preguntando que qué nos habían echado.
- Los turrones, imprescindibles en mi familia, que se inauguraban el día 24 en la cena, nunca antes, y se comian diariamente, y se terminaban... pues cuando se terminasen, claro, unos días después de Reyes.

Los dos primeros puntos ese año no iban a ocurrir, ni íbamos a notar alegría alguna, ni a ver a mis padres por el salón, así que había que centrarse en el tercero, pero ¡ay!... resulta que las hojas de calorías que me había dado el endocrino no mencionaban los turrones, de hecho, no mencionaban ningún dulce.

Yo ya llevaba algún tiempo haciendo pruebas de sustitución de hidratos, quiero decir, si en la hoja ponía 150 de legumbres, pues sustituirlas por, por ejemplo, un cacho más de pan, en fin, cosas simples. Estas pruebas las hacía sin comentarlo con nadie, ni siquiera tenía entonces internet, así que lo hacía yo según mi propio criterio. Y claro, mi propio criterio me dijo que igual podía yo sustituir la fruta de la comida por un par de trozos de turrón... eso sí, del bueno.

Y llegó el día, 24 de diciembre del 2000, cena de Navidad. Una vez solventados los platos salados, cogí el primer trozo, pequeño, del de Jijona, artesano, y me lo zampé... No noté nada raro, no me pasaba nada, no sudaba, ni convulsionaba, ¡seguía vivo!, así que me zampé otro trozo, ¡qué rico!, esta vez sí que lo saboreé. Previamente, me había tomado la pastilla que me tocaba, así que, ahora solamente faltaba esperar las dos horas... que largas. No recuerdo si esperé en casa de mi madre o me fui a la mía, pero el caso es que me medí, tachán... ¡estaba perfecto!. Ahí empezaron mis dudas, ¿No sería que uno está más estable comiendo turrón que comiendo fruta? al fin y al cabo el azúcar de la fruta es más rápida que el azúcar que aporta el turrón, todo lleno de grasa. Esto último entonces no lo pensé, porque por aquella época eso de los hidratos lentos, rápidos, el efecto de las grasas, de las proteínas, para mí era una ciencia desconocida, pero que dudé de las tradicionales dietas de diabéticos, os aseguro que sí. Pero bueno, había que probar de nuevo, y probé esa sustitución el 25, el 31, el 1, con resultados parecidos. Sí, sí, sí, funcionaba. Mira que si va a ser que estos endos no tienen ni idea, pensé. Y hasta la fecha, quiero decir, que... no, no, no es que piense que no tienen ni idea... pero joder, el que elaboraba esas hojitas de calorías con los menús, se lo podía haber currado un poco e incluir menús navideños, ¿no?.

Estas navidades, 16 años después, una buena cantidad de turrón zampado, con la alegría que se siente en la familia en las fechas clave y en las no clave, y esperando ya que llegue Reyes, para que Montse y yo, en pijama, preguntemos a las niñas y a Nati, qué les han echado...

Os deseo Felices Fiestas.

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